Vivir en una gran ciudad no es siempre una ventaja. El bullicio de sus calles, los atascos interminables de primera hora de la mañana o las omnipresentes obras en verano hacen que muchos quieran huir al campo y disfrutar de la tranquilidad de una pequeña residencia en las afueras. Un espacio en el que poder leer escuchando el sonido de los pájaros, contemplar la puesta de sol desde el porche o cuidar de un huerto en el jardín.

Si bien el trinar de los pájaros o la puesta de sol es difícil traerlos a la ciudad (de momento), sí podemos tener un huerto propio en nuestra vivienda, incluso si no disponemos de un chalé con jardín o un piso con una inmensa terraza. Basta con buscar un hueco en una estantería para colocar una 'granja inteligente'.

Smart Farm es el nombre de uno de los últimos inventos de la compañía estadounidense Click and Grow. Compuesto por un tanque de agua y una lámpara de luces LED, el sistema permite cultivar tomates, fresas, pimientos o hierbas aromáticas como el tomillo o la estevia en la cocina, sin preocuparnos por el espacio o por la escasa iluminación de la estancia.

La clave está en la composición de la tierra. Colocada en cada uno de los maceteros situados en la superficie del tanque, las propiedades nanotecnológicas de la tierra de Smart Farm permiten que nutrientes y agua se distribuyan de manera uniforme y las raíces crezcan fuertes incluso en condiciones adversas.

Según nos cuenta el fundador de Click and Grow, Mattias Lepp, en un cultivo normal los sustratos son propensos a la compactación del suelo, y eso supone un problema porque las plantas no reciben la misma cantidad de nutrientes, aire y agua. De ahí que no echen buenas raíces y no dispongan de todo lo que necesitan para crecer de forma rápida y saludable.

Como solución, el suelo inteligente de Smart Farm contiene una carcasa de polímero con celdas abiertas que dejan un espacio para que el agua y el aire se muevan, así como un sensor que detecta la cantidad de agua que hay en la tierra.

Al mismo tiempo, los nutrientes que colocan en la planta están envueltos por un revestimiento que controla el reparto de los mismos en función de la humedad y la temperatura. Así, “controlando la cantidad de agua del suelo, podemos alterar la velocidad del reparto de nutrientes, de forma que las plantas crecen un 30% más rápido, mucho más sanas y con una mayor cantidad de componentes bioactivos”, explica Lepp.

Para ello, el usuario solo tiene que buscar un hueco en la cocina o el salón, conectar a la luz el pequeño huerto, llenar con agua el tanque y esperar un par de días para contemplar los frutos del cultivo. Smart Farm también pone a disposición de los agricultores caseros una aplicación móvil que detalla en todo momento el nivel de agua que sus plantas necesitan.

Con un precio de 500 dólares (unos 446 euros), desde la compañía aseguran que Smart Farm es una opción más barata que los sistemas de cultivo hidropónico o sin suelo empleados en granjas industriales. Disponible en tres tamaños, el más pequeño permite cultivar de una sola vez 64 plantas, mientras que el más grande alcanza las 250 piezas.

Artículo publicado en: Idealista.com

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