El turismo es una de las preocupaciones de los barceloneses y regularizarlo o, si cabe, hacer una buena gestión de él, es una de las obsesiones del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalitat de Cataluña. La última ordenanza del gobierno autonómico, en su batalla abierta contra los pisos turísticos, fija para los apartamentos vacacionales de Barcelona una subida del impuesto del 246% respecto al 2015, pasando de los 0,65 euros por noche a los 2,25 euros para 2017.

El impuesto sobre las estancias en establecimientos turísticos (IEET) es un tributo que entró en vigor en noviembre de 2012, con CiU al gobierno, empujado por el auge del alquiler vacacional. Fue con la ley 5/2012, y ya suscitó polémica en su día por infringir la exigencia estatuaria de que la Generalitat crease tributos propios mediante ley del Parlament y el Tribunal Constitucional la suspendió parcialmente, pero la tasa turística no se vio afectada.

En estos cuatro años desde la creación del gravamen, Barcelona ha ingresado casi 29 millones de euros, un 33% del total recaudado por el gobierno catalán con el impuesto que grava los establecimientos turísticos. Del dinero conseguido, 15,2 millones han vuelto a la ciudad y han servido para financiar proyectos u otras actuaciones del Ayuntamiento y cerca de 13,5 millones se transfirieron al consorcio de Turismo de Barcelona para desarrollar proyectos de promoción turística.

El gobierno de la ciudad lleva todo este tiempo persiguiendo, a razón del impacto que supone el turismo en Barcelona, recibir el 100% de la recaudación del IEET, pero es una opción, hasta el momento, frustrada. A cambio, la Generalitat le asigna de forma extraordinaria 2 millones de euros. Los proyectos financiados derivados de esta partida son los llamados proyectos de compensación. Algunos de los planes llevados a cabo con este ingreso han sido, entre otros, la remodelación del paso de viandantes por la muralla románica o la pavimentación y reordenación del mobiliario urbano de Plaza Catalunya, todo actuaciones en el centro histórico y más visitado.

El gobierno del Consistorio justifica esta exigencia del 100% del impuesto para así desarrollar sus políticas en materia de turismo y "compensar los efectos negativos en la ciudad". Esto es, apostar por una descentralización del turismo, creando nuevos focos de interés y ampliando la oferta cultural barcelonesa. Una de las apuestas del Ayuntamiento para descongestionar el centro es pasando de una estrategia centrípeta a una centrífuga. ¿Cómo? Acercando los visitantes de la ciudad a distritos menos icónicos con campañas de promoción turística como la de Nou Barris y la intención de trasladar allí el Sónar-Kids (100.000 euros de gastos), la rehabilitación del Monasterio de Santa María de Pedralbes en Sarrià-Sant Gervasi (250.000 euros de gasto) o creando en Sants-Montjuïc un proyecto de visitas guiadas por sus barrios Sants, Hostafrancs o la Bordeta (2.973 euros).

Desde Barcelona abogan por cumplir los objetivos para los que se creó el IEET que son, principalmente, fomentar un turismo amable con la ciudad y sus ciudadanos y repartiendo la densidad turística a otros intereses culturales lejos del centro. Aun así, las partidas con mayor impacto económico de las arcas municipales sigue distribuyéndose en zonas céntricas y aglomeradas, como los 700.000 euros destinados a la pavimentación del paseo de Juan de Borbón (Barceloneta) o los 510.000 euros para arreglar las aceras del Raval y calle Carders (Born), epicentro del atractivo turístico.

Artículo publicado en: Idealista.com

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