La congelación no es el mejor método para conservar algunos alimentos, no mata a las bacterias ni resulta eficaz contra todos los microorganismos.

1. Saber lo que no hace tu congelador

La congelación es una de las técnicas de conservación más antiguas que se conocen. Sin embargo, este proceso rara vez elimina un riesgo que pueda estar presente en un alimento, esté controlado o no. La congelación no mata, por ejemplo, los microorganismos eventuales que aparezcan en el alimento (bacterias, levaduras, mohos, etc.) ni tampoco hace desaparecer las toxinas.

2. Seguir siempre las instrucciones

Algunos fabricantes que comercializan sus productos a temperatura ambiente o bajo refrigeración contemplan la posibilidad de congelarlos. Para ello suelen ofrecer indicaciones en los envases de cómo hacerlo y qué plazos hay que tener presente.

3. Siempre, sin abrir

Si se opta por congelar cualquier producto que no se distribuye bajo estas condiciones de conservación, la recomendación es hacerlo siempre y cuando no se haya abierto el envase. En el momento en que se abra, ya sea una conserva, semiconserva o un producto fresco, se incrementan las posibilidades de que se contamine. Por eso, tras la descongelación, contaremos con un alimento que puede tener más probabilidades de estar contaminado que el de origen.

4. ¡Atención al tipo de envase!

Para congelar un producto también es necesario tener en cuenta el tipo envase (plástico, vidrio, metal, etc.) así como si contiene líquido. Estas variables también condicionarán la posibilidad de congelar un producto, siempre que —insistimos— no se haya abierto. Por ejemplo, un envase de cristal corre el riesgo de fracturarse, sobre todo si lleva líquido acuoso: con la congelación, el agua presente en el envase aumentará su volumen, por lo que es posible que se pueda llegar a romper.

5. Saber que algunos productos no congelan bien

Existen alimentos cuyas propiedades organolépticas se ven afectadas por este proceso. Ejemplos: salsas cuya estructura depende de una emulsión (mayonesa), frutas frescas (si se congelan, pueden servir para otros usos, por ejemplo, como ingredientes de batidos, pero sus propiedades sensoriales son diferentes a cuando estaban frescas) o en almíbar, recetas que incorporen patata o zanahoria, hortalizas y verduras que se pretendan consumir en crudo y huevos enteros.

6. Cocinar antes de congelar

Si se abre un producto, lo recomendable, antes de congelar, es cocinarlo (a temperaturas por encima de 65 °C, lo que implica su higienización).

 

Artículo publicado por: Erosky Consumer

 

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